









En colaboración con Pérez Palacios Arquitectos, el encargo consistió en diseñar casas gemelas que compartieran estructura pero expresaran caracteres distintos. La materialidad, el mobiliario diseñado a medida y la selección de arte fueron los instrumentos para construir la diferencia. En una casa, más sobria y formal, el contraste entre blanco y negro organiza el espacio y le da carácter. En la otra, más relajada y cálida, los tonos terracota y crudos, así como las maderas claras, generan un ambiente acogedor y luminoso.




Lo que une a las casas es más profundo que lo que las distingue. Ambas se abren al exterior, enmarcan el contexto inmediato y dejan entrar la luz, el aire y la vegetación. El resultado son espacios que respiran y generan una sensación de bienestar y ligereza. Contemplar las dos casas juntas es un ejercicio sobre cómo la individualidad puede expresarse sin renunciar a una misma relación con lo natural y con la introspección.