








A orillas del lago de Valle de Bravo, fuera del pueblo, la naturaleza tiene una presencia tan contundente que el papel del interiorismo fue acompañar y crear el marco para que la vida adentro y la vida afuera fueran la misma conversación.

El proyecto consiste en dos casas arquitectónicamente idénticas, tratadas como piezas distintas. Una, con una paleta más abierta y luminosa; la otra, más oscura y recogida. Las mismas proporciones, el mismo programa, dos atmósferas diferentes que demuestran cuánto puede cambiar un espacio cuando se trabaja con el tono y los materiales como variables emocionales, no solo estéticas.
