






Esta casa tiene 35 años y cuatro generaciones de recuerdos. La directriz del cliente fue preservar la identidad de una familia que llega los fines de semana a descansar, reconectar con la naturaleza, a cocinar, a sentarse en mesas largas y quedarse horas. La remodelación respetó esa memoria y la afinó: paredes en tono arena, exteriores en terracota con polvo de adobe, piedra tlalpujahua macheteada en el vestíbulo y en las terrazas, madera, lino y algodón en cada rincón. Materiales que envejecen con dignidad y que, con el tiempo, solo se vuelven más propios.



El corazón de la casa es exterior: una terraza con jacuzzi y una sala-comedor techada con chimenea desde donde el bosque se convierte en parte del espacio. Ahí convergen abuelos, nietos y perros; ahí ocurren los cumpleaños, los desayunos largos y las noches de invierno. Un vestíbulo de doble altura, iluminado por un domo, distribuye hacia las cuatro habitaciones y los espacios interiores, creando un ritmo entre lo compartido y lo privado. Casa en el Bosque es lo que el diseño puede ser cuando no compite con la vida que ya existe: un refugio que amplifica lo que la familia ya era.