





¿Puede un departamento volverse más oscuro y, al mismo tiempo, más cálido? La respuesta estuvo en entender la oscuridad como contención, no como ausencia. Los muros grises, el roble europeo en el piso y el encino cardeado negro en libreros y puertas envuelven el espacio sin cerrarlo. La doble altura de la sala y el comedor, con un ventanal con vista a toda la ciudad, permite que la paleta oscura respire. Madera, piedra y lino: cada material tiene peso e intención.



Los habitantes querían una casa que fuera el centro de su vida social. Por eso, las zonas sociales y privadas se volvieron independientes; el family room en la planta alta —con bar, comedor, área de juegos y gimnasio— puede albergar desde una reunión íntima hasta una noche de dominó. Casi todo el mobiliario fue diseñado para el proyecto. La intervención también incluyó una curaduría de arte con obras de Castro Leñero, Raúl de la Cerda, Daniel Alcalá y Daniela González. Los tejidos de lino componen un ambiente en el que lo elegante y lo cotidiano conviven en equilibrio.