







El interiorismo se integró a la arquitectura –en colaboración con Soler Orozco Arquitectos– desde la planeación con una única línea conceptual. La intención fue crear un hogar que se habitara libremente, que facilitara la vida social y familiar, donde los niños también tuvieran su lugar. Se utilizaron materiales con presencia y capacidad para envejecer con dignidad: concreto, piedra, madera, textiles naturales.



Piezas de mobiliario hechas a medida; tonos que armonizan con la arquitectura y la naturaleza: verdes, terracotas, arenas. El eje siguió uno de los principios esenciales de Estudio Mariana Morales: la sofisticación también está en la simplicidad — más es menos, menos es más. La tarea es curar el interior, deconstruir, definir qué se queda y qué se va. El resultado: un espacio sereno donde la arquitectura, el paisaje y el interiorismo se complementan y dialogan.